Gestión del agua en hospitales: Mucho más que controlar Legionella

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Por José Carlos Espino
Asesor Técnico, ILASA – Instituto Latino Americano de Salud Ambiental


El agua es indispensable para el funcionamiento de cualquier instalación de salud, pero también puede convertirse en una vía de exposición a peligros microbiológicos, químicos y físicos. Los hospitales presentan un desafío particular: poseen sistemas de agua complejos y atienden poblaciones especialmente vulnerables. Por ello, la gestión del agua debe abordarse como un proceso continuo de gestión del riesgo, y no únicamente como un programa de muestreo microbiológico.

Un Programa de Gestión del Agua debe comenzar con la conformación de un equipo multidisciplinario, seguido por el desarrollo de diagramas que permitan comprender cómo circula el agua por el hospital, la identificación de pacientes vulnerables y de áreas, equipos y sistemas donde puedan existir condiciones de riesgo. A partir de esta evaluación se establecen medidas de control, límites, monitoreo, acciones correctivas y responsabilidades.

El hospital debe conocer su sistema de agua

Uno de los principios fundamentales es sencillo: no se puede gestionar adecuadamente un sistema que no se conoce.

El hospital debe comprender desde dónde ingresa el agua, cómo se almacena, trata y distribuye, y dónde existen condiciones que puedan favorecer el crecimiento o transmisión de microorganismos. Entre ellas se encuentran la estagnación, elevada edad del agua, pérdida del residual de desinfectante, temperaturas favorables al crecimiento microbiano, biofilms y acumulación de sedimentos. También deben identificarse equipos que utilizan agua o pueden generar aerosoles, así como las áreas donde se encuentran pacientes de mayor riesgo.

Esto explica la importancia de contar con un diagrama actualizado del sistema de agua. El diagrama no termina en la entrada de agua potable: puede involucrar calentadores, almacenamiento, sistemas de desinfección, torres de enfriamiento, máquinas de hielo, filtros, equipos clínicos y numerosos puntos de uso distribuidos por el hospital.

Monitorear no significa solamente buscar Legionella

Un aspecto particularmente importante es que el enfoque de gestión del riesgo no se basa exclusivamente en realizar cultivos periódicos de Legionella. El programa puede monitorear parámetros operacionales como temperatura, pH, desinfectante y otras variables seleccionadas de acuerdo con los riesgos identificados. Las pruebas microbiológicas pueden formar parte de la verificación del programa cuando corresponda, pero no sustituyen el control sistemático del sistema.

Existen cuatro preguntas fundamentales para evaluar un programa: ¿existe un equipo responsable?, ¿se ha analizado y documentado el sistema?, ¿se documentan las actividades de verificación y validación?, y ¿se revisa periódicamente el programa y cuando ocurren modificaciones importantes?

Un documento vivo

Un Programa de Gestión del Agua no debería convertirse en otro manual archivado. Debe mantenerse activo, documentado y actualizarse cuando cambien las instalaciones, los equipos, las condiciones operacionales o las poblaciones atendidas. Las construcciones, renovaciones, interrupciones del suministro y períodos de bajo uso también pueden modificar significativamente el riesgo.

En una instalación de salud, agua potable no significa automáticamente agua segura en todos los puntos del edificio y para todos los usos clínicos. La seguridad depende también de lo que ocurre dentro del sistema.


Gestionar el agua hospitalaria significa conocer el sistema, identificar los riesgos, controlar las condiciones que los favorecen y verificar continuamente que esos controles funcionan.

ILASA – Instituto Latinoamericano de Salud Ambiental.

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